La carrera de Andy Murray ha sido una de las más destacadas de los últimos años. No sólo por sus títulos, que no fueron pocos, sino por lo simbólico. Gran Bretaña es uno de los países más tradicionales en cuanto a tenis se refiere, pero desde las primeras décadas de la existencia del deporte que no tenían un gran representante en el circuito.

Y ese fue Andy, el escocés. Su irrupción en el ámbito profesional coincidió con la aparición de un grupo de jugadores que comenzó a disputarle el trono a Roger Federer, como Rafael Nadal y Novak Djokovic. Y Murray siempre fue considerado como el cuarto mosquetero de esa generación.

Luego de dos títulos de Grand Slam, dos medallas doradas olímpicas y de alcanzar el número uno del ranking, siendo en todos estos logros el primer británico en hacerlo después de muchas décadas, Murray fue noticia ayer por vencer a Carlos Alcáraz, una de las joyas de la próxima generación, en la segunda ronda de Indian Wells.

Andy, en el puesto 120 del escalafón mundial, se dio el gusto de batir a una de las estrellas en ascenso e, incluso, mostrar que todavía tiene destellos de magia como cuando gano un game con su saque sirviendo desde abajo, para sorpresa de todos. Pero, ¿cómo llegó a eso luego de ganar todo?

 

En 2017 comenzó una larga lucha con su cadera por constantes lesiones que lo privaron de mantener un nivel que le permitió llegar a los más alto del ranking mundial y decide frenar la competición en septiembre. Para el inicio de 2018 decide operarse y recién regrese para la mitad de la temporada, once meses después de su último partido, lo que le valió caer al puesto 830 del ranking.

Su regreso fue auspicioso, más allá de no terminar el año entre los cien mejores del mundo. Parecía que para 2019 lo peor ya había pasado y que Murray volvería a su mejor nivel para luchar contra los mejores nuevamente. Pero la historia recién comenzaba.

En la previa del Abierto de Australia de 2019, Murray anunciaba su retiro del tenis profesional por constantes dolores en su cadera y que se volvería a operar, no para poder jugar, sino para tener un estilo de vida más cómodo y disfrutar de su familia. La noticia golpeaba al mundo deportivo que veía como las lesiones se llevaban a otro talento.

Aquí aparece un personaje clave en la historia: Bob Bryan. El estadounidense, uno de los mejores doblistas de la historia, le sugirió a Murray una operación llamada "Birmingham Hip Resurfacing" (Revestimiento de cadera Birmingham), una variante conservadora pero efectiva que le permitiría incluso, considerar volver a jugar.

Así, luego de colocarse una tapa de metal cobalto-cromo sobre el fémur con una copa de metal a juego en el acetábulo a finales de enero, anunció que no sentía más dolores y que comenzaría la rehabilitación, para, al menos, poder volver a jugar durante ese año.

Durante 2019 su regreso se dio en la modalidad dobles, donde en Wimbledon hizo pareja con Serena Williams. Su debut en singles se dio recién en agosto durante el Masters de Cincinnati en el que cayó en primera ronda.

Pese a eso, decidió declinar más invitaciones y se inscribió en torneos Challenger, los cuales no jugaba desde 2005 con 14 años de edad, antes de su ingreso al circuito profesional. Comenzó a disputar cada vez torneos más exigentes y logró obtener el ATP 250 de Amberes que significó su primer título desde 2017.

Tras un 2020 restringido por la cancelación de varios torneos y por el mismo positivo a Covid-19 del jugador, el ritmo de Murray se vio disminuido para 2021. Además, una lesión en la ingle lo privó de asistir asiduamente a los torneos previos a los Grand Slam. Ante esto, decidió regresar a disputar Challengers y concentrarse en mejorar su juego, más allá de los resultados.

Así, desde el fondo del circuito tenístico, volvió a codearse con la mejores raquetas del mundo. Su retorno a Indian Wells, donde ya avanzó a tercera ronda tras ganarle a un Top 50, Quién sabe hasta donde será capaz de llegar este Andy Murray. Lo que sí se sabe, es que demuestra que con coraje y consistencia, siempre se puede seguir intentándolo