Para nadie es un secreto que muchos boxeadores han pasado del cielo al infierno debido a la mala administración de lo ganado sobre el cuadrilátero. Abundan las historias de esos hombres que tras alcanzar la gloria con sus puños quedaron arruinados producto de sus decisiones erradas. Sin embargo, hay algunos que a pesar de no haber sido 'mala cabeza' también terminaron con las manos vacías debido al aprovechamiento de terceros.

Dentro de ese grupo, está Juan Herrera Marrufo, excampeón mundial en la categoría mosca. Este mexicano entró en el olimpo del pugilismo mundial el 26 de septiembre de 1981 al derrotar por nocaut técnico al panameño Luis Ibarra, para así hacerse con el cinturón de la Asociación Mundial de Boxeo. En ese momento su récord quedaba en 24 victorias y 2 derrotas, y todo apuntaba a que sería monarca de su división por mucho tiempo.

Más tarde, hizo una defensa exitosa del fajín ante el que probablemente sea el mejor boxeador en la historia de Venezuela, Betulio González, pero luego acabó perdiendo el mismo delante del argentino Santos Laciar. De ahí en adelante, su carrera no fue la misma y tras algunos triunfos y reveses decidió colgar los guantes. Pero, ¿Por qué pasó esto? ¿Qué hizo que una estrella en ascenso dijera adiós a los cuadriláteros con tan solo 28 años de edad? Hoy te lo contamos.

Fue vilmente estafado

Según las propias palabras de Herrera, sus manejadores se estaban quedando con la mayor parte de lo que obtenía por pelear en los principales escenarios del boxeo de primera categoría. Con pesadumbre el hombre de 62 años hoy afirma:

"Me retiré a tiempo, lo digo con orgullo, tenía 28 años".

Aun así, parece una salida prematura de una disciplina en la cual demostró tener todo para reinar por muchos años.

¿A qué se dedica?

A día de hoy, el oriundo de Mérida se gana la vida enseñando los secretos de su talento a niños y jóvenes en el Instituto de Deportes de Yucatán en el día y completa la jornada laboral por las noches conduciendo un taxi. Sobre su oficio como entrenador manifiesta:

"Nunca he trabajado, me pagan por hacer lo que me gusta y empecé a entrenar muchachos".

Sin lugar a dudas, es la historia de quien pudo amasar una fortuna sobre los ensogados y vivir tranquilo sus últimos años de vida de no haber sido por caer en las manos equivocadas.