Será la    tercera participación de la  Selección Nacional de Voleibol en unos juegos olímpicos. Su primera vez fue en Atenas 2004 y la siguiente ocasión en Londres 2012 donde lograron posicionarse en el quinto puesto.

Para estos Juegos Olímpicos Tokio 2020, el país nipón preparó un impresionante escenario. Las instalaciones en donde la  Selección femenina de voleibol de la República Dominicana verá acción en estos juegos, se muestran impecables. Cada detalle cuidado, en condiciones del más alto nivel.

 

 

Un vivaz tono rojo inunda el ambiente, destaca el tono azul turquesa de la cancha. Las banderas de cada país, luces, reflectores y filas de cómodos asientos están listos para albergar a los espectadores que gozarán del espectáculo van a montar estas chicas.

Hiroyuki Makiuchi, el    embajador de Japón en el país, dijo estar contento de que las Reinas del Caribe estarían en su país; nosotros compartimos esa alegría de que las nuestras se encuentren en tan magno evento y majestuoso escenario.

Su final ideal (de Makiuchi) también es la de cada dominicano, cuando dijo: “Espero que vayan frente a Japón en la serie final y así, ambos ganaran medallas” Tal vez, la diferencia entre sus deseos y los de los dominicanos, solo esté en cuáles cuellos cuelguen las de color dorado. No obstante, el diplomático manifestó: “No importa el color, me gustaría que ganen una medalla en los Juegos Olímpicos".

A medida pasan los días, las emociones más afloran. Tensión, entusiasmo, muchos sentimientos encontrados, tanto para los atletas inmersos en el corazón de la competición, como para los fanáticos que son el corazón de los juegos.

Cada línea, cada marca de cada área de la cancha, solo a espera de que se enganche la red para que comience la acción y se haga historia.

Estas son las primeras olímpiadaspara la reina caribeña, Jineiry Martínez,  que vivirá la aventura en Tokio con su hermana Brayelin sobre esos  18 metros de largo y 9 metros de ancho.

Muchas historias se vivirán en ese suelo tintado rojo y turquesa del deporte de William G. Morgan.