En el circuito internacional de Fuji, el domingo se vivió una historia increíble, de película, que supera todo cuento de hadas: el oro de la austriaca Anna Kiensenhofer en la final de ciclismo en ruta, con un guion que no se les ocurriría ni en Hollywood.

Anna Kiesenhofer, de 30 años, es una ciclista amateur, que llegaba a Tokio sin equipo y sin cartel. Competía contra 66 rivales de 40 países, sin ser favorita, y prácticamente desconocida.

Su mundo es el académico: Anna es doctora en Matemáticas por la Universtitat Politècnica de Catalunya (UPC), donde vivió -en Arenys de Mar- y también competía de manera aficionada en el equipo Frigoríficos Costa Brava-Naturalium, con sede en Sant Feliu de Guíxols y se entrenaba con la selección catalana en la Cerdanya.

De hecho, en el 2016, Kiesenhofer había sido una de las revelaciones al conquistar la Copa de España femenina de ciclismo en ruta, antes de regresar a Austria.

De este modo, sin ser conocida, sin equipo, sin compatriotas y sin pinganillos en la prueba (están prohibidos en el ciclismo olímpico), Kiesenhofer pasó inadvertida en la fuga inicial, nada más tomar la salida del recorrido de 137 km.

La austriaca saltó junto a la sudafricana Oberholzer, la namibia Looser, la polaca Plichta y la israelí Shapira. Ninguna inquietaba a las favoritas, las holandesas, hiperprofesionales.

El momento decisivo fue a falta de 41,4 km, cuando Kiesenhofer se descolgó de la polaca y la israelí y emprendió en solitario su escapada hacia la meta. Tiró y tiró, esperando que en algún momento le diesen caza las grandes. Pero nadie llegaba por detrás.

Así que se plantó sola en la meta, después de casi 4 horas pedaleando (3h52m45s), y cruzó con los brazos en alto, sin poderse creer que era campeona olímpica. Un minuto después de cruzar la meta la austriaca llegó la holandesa Van Vleuten, que se pensaba que iba primera y  celebró su segundo puesto como si fuera campeona

El giro tragicómico de guión se vivió 1 minuto y 15 segundos después, cuando cruzó la meta la holandesa Annemiek van Vleuten, la estrella del Movistar, celebrando su segundo puesto como si hubiera ganado. Y es que se pensaba que era la campeona olímpica, ya que nadie le había advertido que la fugada austriaca, a la que nadie había visto, ya había llegado antes.

La decepción en Van Vleuten fue monumental. "Estoy destrozada. Ninguna de nosotras sabía si todo el mundo estaba en el pelotón. Es un ejemplo de lo que ocurre si se corre una carrera importante como ésta sin comunicación", decía la holandesa, que sigue peleada con el oro: en Río lo perdió por una caída a falta de 10 km.

Nadie puede achacar a las holandesas haber subestimado a Kiesenhofer, a la que nadie conocía. Simplemente, les falló la tecnología. Así lo admitía la holandesa Anna Der Breggen, ganadora del Giro, que fue 15.ª en Tokio: "No podíamos subestimar a alguien que no conocíamos. Cuando neutralizamos a la polaca y a la israelí pensábamos que íbamos por el oro. No sabíamos que había otra corredora por delante".

Kiesenhofer celebraba su oro como el gran éxito de su vida, tras una trayectoria que ha visto las miserias del deporte y los azares de la vida. Comenzaba la austriaca su andadura deportiva siendo una especialista de triatlón y biatlón hasta que en el 2014 tuvo que dejarlo por una serie de lesiones.

🗣 "Nobody expected me to come away with a top result here."

Se pasó al ciclismo para dar continuidad a su actividad deportiva. Coincidiendo con su traslado a Catalunya por estudios, Kiesenhofer se alistó en el Frigoríficos Costa Brava, donde empezó a despuntar en el 2016. Llegó a ser 2.ª en el Campeonato austríaco de contrarreloj y ganó una etapa y fue 2.ª en la general en el Tour Cycliste Féminin International de l’Ardèche, lo que le llevó a fichar por el Lotto Souldal Ladies.

Sin embargo, cuando iba a dar el salto al ciclismo profesional se cruzó en su vida una dolencia que afectaba su columna vertebral, amenorrea y osteoporosis, que le obligaron a dejar el ciclismo de competición. Se tomó el 2018 como año sabático.

"He regresado a mi país de origen, Austria, a realizar mi trabajo como matemática. Estoy emocionada de volver a la investigación matemática. Obviamente, sigo haciendo deporte, pero sólo hasta un punto en el que no afecta a mi salud y felicidad", escribía Anna a modo casi de despedida.

Aunque no dejó la bicicleta, y de manera ocasional se asomaba por alguna carrera. Su 2019 fue brutal, pese a no tener equipo: ganó los campeonatos de Austria de ciclismo en ruta y contrarreloj, y repitió los títulos nacionales en el 2020 y el 2021, mientras ejercía de profesora en la universidad de Lausana. Hasta que ha llegado a Tokio y ha destrozado los pronósticos.