El campeón de los pesos medianos por las organizaciones FIB y OIB, Gennady Golovkin, sumó hoy otro título a sus arcas al arrebatarle vía nocaut al japonés Ryota Murata el cinturón de la Asociación Mundial de Boxeo, o AMB por sus siglas en inglés.

Esta entidad es la más antigua y con más prestigio dentro del mundo de los golpes sobre el ring, lo que hace que se vuelva a cocinar la posibilidad de ver una vez más a la bestia europea contra el mexicano Saúl "Canelo" Álvarez y así ver de una vez por todas completada una trilogía de la cual los 2 primeros combates fueron antológicos.

Pelea muy pareja

Los primeros asaltos transcurrieron fieles al estilo de ambos peleadores. Desde el primer campanazo tanto el kazajo como el nipón comenzaron a tirar sus mejores golpes en el centro del cuadrilátero sin hacer ningún tipo de estudio previo. Poco esquivaron y mucho conectaron en lo que fue un verdadero vendaval de lado y lado que duró hasta el cuarto episodio.

En los rounds 5 y 6 la balanza empezó a inclinarse a favor de Triple G, quien con 40 años demostró que la edad está siendo solo un número para él. Con golpes fuertes y certeros y fundamentado en un jab demoledor, el oriundo de Karagandá puso a temblar las piernas de un adversario que se mantuvo en pie quizás por obra de un milagro, quizás de un amor propio sobrehumano.

La tortura final

A partir de la séptima vuelta las cosas comenzaron a ir mal para Ryota Murata, que empezó a lucir cansado y visiblemente afectado por los puños recibidos en los minutos previos. Al mismo tiempo, sus ataques se hicieron cada vez menos frecuentes y potentes, lo que hizo que la figura de Golovkin se volviera cada vez más grande y autoritaria sobre las tablas.

Poco a poco, guantazo a guantazo, el ahora supercampeón de los pesos medios fue mermando a su oponente como leñador que tala un árbol desde sus cimientos.

Para el noveno capítulo, ya el japonés no coordinaba sus movimientos, era un bulto que se movía erráticamente por el cuadrilátero recibiendo los embates de una máquina kazaja. Las cuerdas evitaron que se fuera a la lona en varias ocasiones haciéndole de sostén, pero llegó lo peor para él: 2 bombazos de manos derecha e izquierda que lo mandaron al suelo, lugar de donde solo se levantaría con la ayuda de sus entrenadores.

Al final, Gennady Golovkin salió con la mano alzada, misma que levanta pidiendo el turno para medirse una vez más al único némesis que ha tenido su carrera: El Canelo.