Tirar 100 millas en el béisbol es cruzar el límite de lo real con lo ficticio, estar en otro nivel sencillamente, la última nota de una balada, la línea final en un haikú, el trazo maestro en un fino lienzo expresionista, es así y Johan Durán tira 100 millas como yo escribo ahora mismo este conjunto de caracteres que le dan forma a este texto, como algo normal y no lo es.

Y escribo y leo y pienso que 100 millas es el límite y pasar esa barrera es pasar lo imposible, ir al tope de lo normal o lógico pero Durán lo hace siempre.

Quince años atrás no había nada claro, nadie lo asociaba de hecho con algún tipo de deportes, pues siempre estaba armando y desarmando sus juguetes y en eso pasaba buena parte del tiempo, como niño al fin, tenía sus sueños, pero todos en ese momento, con solo 9 años pasaban por armar y desarmar juguetes- pensé que iba ser mecánico- le comentó Johan Durán al Star Tribune de Texas este fin de semana.

Antes y después

Y hablo de Durán y todavía hay un halo de misterio sobre su figura, llegó en 2018 proveniente de los Diamombacks de Arizona, en un canje por Eduardo Escobar, siendo un desconocido hasta este 2022 cuando se ha robado los reflectores en Grandes Ligas por la potencia de su bola rápida.

La idea retumba y es verdad, la bola rápida no lo es todo en el béisbol, no, incluso 95,96 o 97 millas ya es algo común para cualquier lanzador, pero pasar la frontera de las 100 millas por hora es otra cosa, son palabras bien diferentes, 101,102,103 millas, eso se escribe y el pulso tiembla de solo pensar la sensación que causa el ruido de la mascota al entrar la pelota lanzada a esa velocidad.

Jhoan Duran, Silly 97mph and 98mph Splinkers. 😯

Durán perdió el sábado, desperdició la ventaja de los Mellizos y a la postre cargó con el revés, su tercero del año, pero una vez más volvió a soltar sus rectas de humo a más de 103 millas por hora, entonces la sensación cambia, por un lado, la derrota, por el otro el talento y el tiempo para suplir cualquier falla, se impone.

La personalidad

Cuando uno ve a Joan Durán queda impresionado, parece una roca, una mole imponente con sus 6,4 de estatura y sus 230 libras de peso y más allá de su registro de 0-3 esta temporada, están sus 48 ponches en 39 entradas de labor, así como su efectividad de 2,54 en 30 juegos, desde el momento en que debutó el pasado 8 de abril.

Al momento de escribir este texto, Durán apuntaba incluso al Juego de Estrellas del próximo fin de semana en Los Ángeles y la noticia refleja a cabalidad el impacto del dominicano en el contexto beisbolero actual.

El tiempo vuela, va hacia tras otra vez y las imágenes pasan, Arizona, la firma del bono de Grandes Ligas, Dominicana, la familia, la sonrisa de un niño, una sonrisa, dos, varias, la inocencia y después la decisión, la escuela o el béisbol y a los 13 años, Johan Durán, al que nunca le había interesado el juego, decide irse por ese camino.

La impronta

“… Es difícil ser más efectivo de lo que ha sido…”- le comentó Rocco Baldelli al Star Tribune, refiriéndose a Durán y al respecto agregó- “… No puedes lanzar mucho mejor de lo que lo está haciendo...”

De igual modo, el entrenador de lanzadores, Luis Ramírez agregó que lo que más impresiona de Duran es su estoicismo, la seriedad que le impone a cada salida, pero también lo ecuánime que se muestra en el box.

Uno lo mira así, sin miedo, decidido, contra quien venga a batear y esa mirada medio gélida incluso atemoriza y luego como una combinación letal, suelta eso disparos endemoniados y la gente aplaude, Johan supo a los 19 años que tiraba 100 millas, pero no se conformó fue por más, por mejorar su control- “… Hay que tirar strike…”- expresó.

Y los Mellizos tienen marca de 48-40 al momento de escribir este texto y Johan Durán no ha ganado mi un juegos, ha salvado cinco pero nada de victorias pero esa no es la tesis que se impone, no, con 24 años y 103 millas, todo sueño es posible y en Minneapolis y más allá también lo creen así, entonces una imagen se repite, Durán en la lomita, noveno inning, a tres outs de sellar la victoria, coge las señas, una sola, suelta hacia el home y con la algarabía del público, Johan voltea a la pizarra, 102 millas por hora, hace una leve mueca, mira hacia arriba y vuelve o coger la seña, una sola seña, otra vez 100 millas…es su razón de ser, siempre contra lo imposible.