Hablar de Mike Mussina, es hablar de uno de los tipos más duros del béisbol en los últimos 30 años y si bien no fue de los preferidos de los medios, respecto a otras luminarias de estos últimos años, como Randy Johnson, incluso Curt Schilling o hasta Josh Beckett; así y todo, la carrera de 18 años de Mussina no podía terminar de otro modo que con una placa en Cooperstown.

Con un carácter rudo, propio de esa personalidad que detenta su apellido, Mussina, oriundo de Génova, en la profunda Italia, tierra de aventureros y gente valiente cómo el mismo Cristóbal Colón; con esa impronta, propia de los emigrantes italianos que llegaron a Estados Unidos a finales del siglo XIX y comienzos del XX, la misma que tan bien describe Gay Talese en Honrarás a tu padre o Mario Puzzo en El Padrino; así Mike Mussina comenzó su camino de éxito en Grandes Ligas.

El debut

Fue un 4 de agosto de 1991, en Comiskey Park, frente a la poderosa artillería que por aquel entonces tenían los Medias Blancas de Chicago, ese día Mike Mussina hizo su debut en Grandes Ligas por todo lo alto, con apenas una carrera y solo 4 hits en 7,2 entradas. Mussina salió por la puerta de atrás, pero dejó su huella y desde entonces todos sabían lo que vendría.

Y Mussina tuvo varios momentos épicos en sus 10 años con los Orioles de Baltimore y los 8 con Yankees de Nueva York, pero sin dudas, uno que lo marcó para siempre y que recoge con exactitud lo que representó Mussina para el béisbol, fue lo que ocurrió el 2 de septiembre de 2001, en Fenway Park.

Un momento épico

Mussina estaba en su primer año con los Mulos y allí en una de las catedrales sagradas del béisbol,el estelar retiró a los primeros 26 bateadores a los que enfrentó, cuando la directiva de los Medias Rojas de Boston envía al emergente Carl Everett a asumir el posible último turno al bate, con el juego perfecto en disputa...

Tal como lo cuenta MLB.com, cuatro años después de haber quedado a dos outs de un juego perfecto frente a los Indios de Cleveland, Mussina tenía una nueva oportunidad y puso a Everett en conteo de 2-1, el hecho parecía consumarse, pero una línea al jardín central acabó la ilusión, otra vez.

Como quiera, la leyenda sacó la casta y concluyó su faena con 13 ponches para la victoria de los Mulos 1-0 ante el acérrimo rival.

Moose, como apodaban al mítico lanzador, terminó su paso por la Gran Carpa con 270 victorias, 2800 ponches y una efectividad de 3,68, pero ese día, en Fenway Park, jamás lo podrá olvidar.