Estoy sumamente honrado y bendecido por mi selección al Salón de la Fama - el más alto honor que cualquier jugador de béisbol puede alcanzar en su vida. Estoy agradecido con los periodistas que consideraron mi carrera en su totalidad, no sólo en las estadísticas, sino también en mi contribución a los Medias Rojas, la ciudad de Boston, y toda la fanaticada de los Medias Rojas. Estoy agradecido con mis compañeros, mis entrenadores y dirigentes y con los propietarios de los Medias Rojas por su fe en mí y por permitirme ser parte de tres Series Mundiales.

Desde que era un joven en Santo Domingo, siempre soné con jugar béisbol profesional.  Gracias al apoyo de mi padre, Leo, y mi madre, Ángela Rosa, supe desde mis comienzos en la Estudia Espaillat High School en la República Dominicana que tenia la oportunidad de perseguir mi sueño de jugar en las Grandes Ligas.  Y aunque mi ruta al éxito no fue tan llevadera, fue mi amigo, el miembro del Salón de la Fama, Pedro Martínez, quien convenció a las Medias Rojas a darme una oportunidad de alcanzar el éxito.  Y aunque mi ruta hacia Boston duro 10 años, los 14 años usando el uniforme de las Medias Rojas fueron los mejores de mi vida.  Rompimos la maldición y luego conseguimos dos campeonatos más antes de retirarme en el 2016 -qué viaje tan dulce hermoso ha sido.

Estoy sumamente agradecido con mi familia y mis hijos por estar conmigo hoy durante este reconocimiento especial. Y sé que mi madre está lanzándome besos desde el cielo como siempre le lancé un beso luego de cada jonrón.