No es nada complejo de imaginar. Los jugadores aplastan pelotas de béisbol hacia el océano desde una playa. Quien golpea más, gana.

Si lo imaginaste, te contamos que eso fue justo lo que aconteció en Bahamas: Jugadores locales de las Bahamas, como Jazz Chisholm Jr., mostró sus habilidades frente al público local. Jugadores de las grandes ligas estadounidenses y de los mejores prospectos volaron para conectar jonrones y disfrutar bajo el sol tropical.

¿Qué podrían hacer en el paradisíaco escenario y que fuese emocionante? ¡Jonrones! Estaba claro. ¿Qué es más emocionante que un jonrón? Pocas cosas. Y no es necesario saber béisbol para saber cuán lejos se va una pelota.

Y pues ahí surgió, un derbi de jonrones. ¿Dónde si no hay un campo de béisbol? Pues ante todos estaba la inmensidad del mar. Así que se hizo en la playa. Golpeando pelotas de béisbol hacia el agua (sí, recogen todas las bolas del océano)

Y así se dio ese evento. Pero el origen del mismo se remota a mayo 2017 en Kentucky, una idea que surgió hace unos cuatro años y medio , por Lucius Fox y Todd Isaacs Jr. jugando en la Low-A Midwest League. Isaacs, quien estaba con los Capitanes del Condado de Lake en la organización de Cleveland, llegó a jugar contra su buen amigo Fox, uno de los pocos otros jugadores bahameños en las menores. Fox estaba con los Hot Rods de Bowling Green en la organización de los Rays. Jugaban en Estados Unidos donde perseguían el sueño de Las Mayores. Pero no tenían cómo mostrarse a los suyos en Bahamas. Y ese fue el génesis.

Sabían que tendrían un evento, pero no imaginaron que iba a ser tan grande: una marca, un evento todo montado, durante una semana completa... No lo vieron venir. Lo que siempre supieron es que querían tener un derbi de jonrones en las Bahamas.

Las dos primeras ediciones en 2018 y 2019 fueron ganadas por Bo Bichette. Desde entonces, el jugador de cuadro de los Azulejos se graduó de la participación, pero aún así hizo el viaje este año y observó todo. Lewis Brinson ganó en 2020, justo antes de la pandemia.

La edición de este año, que tuvo lugar en una nueva ubicación en la isla, en lo alto de un acantilado junto al mar a la sombra del enorme complejo turístico Atlantis, fue más grande y mejor que nunca.

El "Derby in Paradise" es una verdadera rareza en el mundo del deporte moderno: un evento que existe principalmente por diversión. Claro, los organizadores hacen una pizca de dinero y consiguen promover el béisbol en las Bahamas, pero es ante todo pasar buenos tiempos. Había costillas, pollo y ponche de ron en abundancia, y un DJ local tocaba los 40 éxitos sin parar. Se construyeron gradas temporales para unos 500 espectadores. Fue una fiesta  todo el día con algo de béisbol.

Todo en una playa en las Bahamas.

Ni siquiera una ráfaga de lluvia tropical pudo empañar el evento, aunque llovió durante 30 minutos, un torrencial que envió a turistas y lugareños a cubrirse de la lluvia.

Ese retraso, combinado con las 3 p.m. del derbi. El inicio en la hora local significó que para cuando el eventual campeón, el prospecto de los Reales MJ Meléndez, golpeó su última gran pelota, el sol de las Bahamas ya se había hundido en el horizonte. Eran pelotas de béisbol que se volaban a través de un cielo de color naranja hacia aguas claras y azules con suficiente luz para que los bateadores las vieran.

Y si bien el derbi se trató  de ambientación, pasarla bien y cultura, fue oficialmente una competencia. Los jugadores de béisbol profesionales también son competidores que intentan ganar.

Unos 35 concursantes con el plan original de que cada bateador hiciera 15 swings en la primera ronda antes de reducirlo a ocho finalistas. Después de la demora por lluvia, la competencia se acortó para asegurar que pudieran terminar antes de quedarse sin luz solar: solo ocho swings en la primera ronda, seguidos de una ronda final de tres bateadores que obtuvieron 10 swings cada uno.

La condensación del derbi hizo que fuera mucho más difícil para algunos de los mejores jugadores avanzar a la final, pero aún hubo algunas exhibiciones notables en la primera ronda que vale la pena mencionar. El prospecto de los Guardianes, Will Benson, quien una vez conectó cuatro jonrones en un juego de ligas menores, conectó algunas de las pelotas más lejanas de la tarde. Dom Smith de los Mets fue uno de los pocos bateadores que tomó el camino opuesto y fue uno de los participantes del juego de Softball.

▪Will Benson

 

Sin embargo, lo más destacado de la primera ronda fue Chisholm quitándose los zapatos y una de sus cadenas.

Terminaron con tres  finalistas: el eventual ganador Meléndez, el campeón defensor Brinson y, ¿quién más? - Chisholm, la cara auténtica del béisbol de las Bahamas.

Que Meléndez estuviera en la final no fue una sorpresa. Después de un 2019 catastrófico y malo en High-A (.571 OPS en 110 juegos), la ex selección de segunda ronda de 2017 estalló de manera épica en 2021, con 41 jonrones en Double-A y Triple-A, que lideró todo ligas menores. Después de una primera ronda estelar de seis jonrones aquí, mantuvo el impulso de cara a la final y estableció la marca en siete jonrones.

El siguiente fue Brinson, quien regresó para defender su título y recién salido de una explosión titánica el miércoles en el juego de softbol de celebridades. Brinson ha sido durante mucho tiempo un talento tentador debido a sus herramientas físicas, pero ha tenido problemas para armarlo a nivel de las Grandes Ligas y recientemente fue liberado por los Marlins. Sin embargo, es perfecto para este tipo de eventos, y consiguió un ritmo impresionante, pero finalmente terminó con seis en la ronda final, justo por debajo de la marca de Meléndez.

Finalmente, con el sol casi puesto y la oscuridad comenzando a envolver el escenario junto a la playa, Chisholm,la figura de béisbol más grande de la nación isleña,  recibió los mayores aplausos del día en su actuación de primera ronda. A pesar de que se quedó sin jugo en la ronda final, lo que le dio la victoria a Meléndez, el estrellato efervescente del joven Marlin quedó muy a la vista de los cientos de bahameños que fueron a verlo.

Y aunque de estos jonrones fue testigo una playa en calma, sí estas pelotas que surcaron el cielo azul y aguas claras, rompieron las olas de aplausos de todos los que disfrutaron del evento.