No importa que este bateando 205, ni que su swing no sea igual a aquel de comienzo de los 2000, es lógico, son 42 años pero como sea es Albert Pujols, La Máquina, una leyenda viviente, uno de los mejores peloteros de este siglo.

Y así con ese halo casi mágico, Pujols salió hoy a la grama en el duelo que enfrentó a los Cardenales de San Luis con los Cachorros de Chicago y volvió a hacer historia.

El acontecimiento

El quisqueyano llegó a 3000 partidos jugados en Grandes Ligas y se dice fácil pero es el reflejo colosal de Pujols en los diamantes, tan inmenso allí con esa sonrisa diáfana, junto a un selecto grupo de inmortales, Ty Cobb, Hank Aaron, Eddie Murray y Carl Ripken Jr.

Con su juego de hoy, el caribeño quedó a solo un partido para emular al mencionado Ripken, quien se sitúa séptimo con 3001 desafíos en sus espaldas.

El selecto club

La lista la encabeza el legendario y polémico Pete Rose con 3562 encuentros, seguido de Carl Yastrzemski con 3308 y Hank Aaron con 3298.

A su vez en la cuarta posición ancla en veloz Rickey Henderson con 3081 choques, sucedido por el controvertido Ty Cobb con 3035.

La parte final de la tabla la cierran, Eddie Murray con 3026 juegos, el también legendario con los Cards, Stan Musial con 3026 y después Ripken con sus 3001 partidos.

Un club selecto al que entra este sábado Albert Pujols, veintiún años después de aquel primer día en 2001, luego de que Tony la Russa le iluminara el camino.

La memoria

Y otra vez se suceden en flashazos los recuerdos, las memorias, esa década única, con más de 300 de average, más de 30 jonrones y más de 100 impulsadas en temporadas consecutivas; luego las Series Mundiales, 2006 y 2011 y entonces, el regreso, la ovación cerrada en Bush Stadium, el primer cuadrangular, el segundo, el levantar la frente y ver los 700 ahí mismo; Albert Pujols ya está inmortalizado.

Ya están los 3000 pero de seguir el curso normal de los acontecimientos y mantenerse saludable, Pujols bien podría terminar su carrera por encima de Rickey Henderson y sus 3081 partidos.

Como sea, él no piensa en marcas, no, ya lo ha dicho, solo quiere vivir el momento y retirarse a lo grande con el equipo de sus amores, allí en un altar sagrado del inmenso Missouri.