En el primer juego ni se vio, fue un fantasma, una ilusión óptica, fue nada y había veces que daba la idea de estar caminando sobre la cancha y a ratos, como un resorte se movía para simular siquiera una marca.

Jayson Tatum opacó a todos en la primera ronda ante los Nets, a todos, a Kevin Durant, a Kirie Irving y también a Jaylen Brown, su mano derecha dentro de los Celtics, lo opacó, lo relegó a planos más secundarios, Brown marcaba 20 cartones pero Tatum marcaba 30 o más y volvía algo insignificante a Durant.

Tuvo su chance

Y Jaylen tuvo su oportunidad de brillar también, cuando arreció la marca y debió definir desde la pintura pero falló, falló mucho y no se hecho a ver tanto su desempeño porque Tatum lo hacía todo y se acaparaba los reflectores, además de que Marcus Smart, de un modo sibilino pero genial, hacía el trabajo sucio.

Las cosas tenían que cambiar, volver a ser como en esos 41 partidos de la segunda mitad de temporada cuando los Celtics arrasaron en el Este, con Jaylen y Tatum en modo MVP, si uno fallaba el otro sacaba la cara o de pronto se juntaban para triturar a los rivales y nadie escapaba, ni Heat, ni Bucks ni Sixers, nadie.

El momento cumbre

Con esa idea llegaron al partido de ayer, el segundo de la semifinal ante los Bucks, ya con el primero cien metros bajo tierra y Jaylen Brown tenía que aparecer y lo hizo de la mejor manera.

Se sabía de antemano que como mismo ocurrió con los Nets, debido a la presión defensiva sobre Tatum, su compañero iba a recibir gran cantidad de balones y fue así pero esta vez no falló, se creció, se agigantó como el gran basquebolista que es.

El resultado no pudo ser otro, 30 puntos y seis triples; el castigador, el criminal, Jack el Destripador, Antetokounmpo pretendió despertar pero no pudo, no le alcanzó la gasolina, el empuje, hasta el coraje diría, era lo noche de Jaylen Brown y no había para nadie más.

Hasta el lo anímico impactó Jaylen, pues Jayson Tatum iba teniendo un partido más que modesto en la primera mitad y la actuación de Brown fue un chute de adrenalina, los dos monstruos se unieron y liquidaron el partido, con 29 tantos de Tatum incluyendo cinco bombazos.

A la hora cero despertó

Hasta cierto punto Jaylen Brown estaba dormido en esta postemporada pero el Kraken despertó y para el juego tres, la duela tiembla ante sus pisadas.

Si algo necesitaban los Celtics y el coach Ime Udoka era esta especie de renacer de Jaylen Brown y ya llegó, ahora solo dios sabe lo que puede pasar...todo es posible, hasta la ansiada corona 18.