El prestigio de Gregg Popovich está más que exaltado y ahí están sus anillos de la NBA con los San Antonio Spurs para demostrarlo y si hay un Phil Jackson, el viejo Gregg también está ahí dándose la mano con el hombre de los Bulls y los Lakers.

Para muchos incluso, Popovich es el más grande de todos los tiempos, pues su personalidad trasciende los terrenos y abarca todos los ámbitos de la vida; hablamos de un formador de valores.

Como toda buena historia hay facetas o matices más oscuros que trascienden con el paso del tiempo y es aquí donde entra la figura del polémico Dennis Rodman.

El dilema

Sí, Rodman, el mismo que brilló con los Chicago Bulls de Jordan, Scottie Pippen y compañía, ese Dennis Rodman tuvo un pasado vinculado a Popovich.

Resulta que entre 1993 y 1995, Rodman vistió la franela de San Antonio Spurs, el mismo período en que Popovich era gerente general.

Dennis Rodman says Gregg Popovich "hated" his guts.

Dennis siempre fue un extravagante y un egocéntrico, una persona difícil de domar y su carácter estaba destinado a chocar con el de Gregg.

La anécdota

En su libro, Tan malo como quieras ser, el jugador comenta que Popovich mandaba en todo en el equipo, era el gerente pero disponía por el coach y siempre buscaba acoplar a los jugadores a su medida, a que fueran profesionales dentro y fuera de la duela y eso con él no iba, porque siempre se sintió un espíritu libre.

Rodman alude incluso que su traspaso a los Bulls para la temporada de 1996 se da precisamente porque Popovich se percató que no podía meterle en cintura.

Vale agregar que Rodman en ese entonces estaba rindiendo a un gran nivel, casi seis puntos por juego y más de quince rebotes; así y todo, Popovich decidió cambiarlo por una ganga.

Todo cambió

Desde ese momento, sus vidas cambiaron para siempre, por un lado Dennis Rodman sería parte de los gloriosos Bulls en el regreso de Michael Jordan y Gregg Popovich entraría a dirigir a los Spurs, también en 1996 para llevarlos al esplendor y a la gloria con la que cuentan hoy en día.

Esta es sin dudas una de las buenas historias del baloncesto que permanece guardada en silencio y emerge a veces como hoy, para mostrarnos los matices que podemos tener como personas imperfectas que somos.