Supo ser una de las grandes estrellas de la NBA, aunque al haber sido contemporáneo de Michael Jordan, nunca alcanzó semejante nivel de fama y popularidad a nivel internacional en comparación con la figura de los Chicago Bulls. Pese a esto, forjó una gran carrera en Philadelphia 76ers, Phoenix Suns y Houston Rockets que le permitió ser elegido MVP en 1993, ser incluido en el Salón de la Fama después de su retiro y amasar una gran fortuna.

El hombre de esta historia es Charles Barkley, uno de los ala-pivotes más destacados de la mejor liga de baloncesto del mundo que ahora es muy conocido como su rol de comentarista de los juegos que están en el prime time de las transmisiones.

Su notable trayectoria le ha permitido a su familia vivir una vida cargada de lujos y sin necesidades, lo cual parece molestarle en algún punto al propio Barkley, quien esta semana sorprendió con unas declaraciones sobre su futuro. Es que durante un diálogo con la prensase refirió a su afición por las apuestas y sostuvo que no tiene ningún tipo de problemas en perder parte de sus ahorros por malos vaticinios.

“Mira, todo el mundo sabe que me gusta apostar a todo. Quiero estar arruinado cuando me muera. No quiero dejar todo mi dinero y sin cargas a mi familia. Llevo haciéndome cargo de ellos durante toda mi vida. Quiero estar en la ruina con mi último aliento”, señaló el ex NBA para sorpresa de todos, incluso del mismo entrevistador que pensó que aquello era una broma.

Pero lejos de ser una broma, coincide con declaraciones que Shaquille O'Neal, contemporáneo a Barkley e, incluso, compañero en Inside The NBA, programa en el que ambos participan, dijo hace unas semanas: Mis hijos son mayores ahora. Se enfadaron conmigo cuando les dije. No estoy realmente molesto, pero no entienden.Les digo todo el tiempo. No somos ricos; yo soy rico”

Al parecer son varias las voces de ex figuras de la NBA que tienen este tipo de posturas con el objetivo de que sus herederos entiendan la importancia del esfuerzo y el sacrificio, aunque parezcan demasiadas exageradas. Esto parece ser una nueva tendencia en la cultura estadounidense