A sus 35 años, Al Horford es un tipo con suerte, tiene una hermosa esposa, un buen trabajo y es famoso, hoy quizás como nunca.

Su perfil en el juego es más bien bajo, se mueve en un plano secundario incluso pero su faena en las duelas condiciona que sea así, pues es el hombre que hace el trabajo sucio.

El dominicano juega su temporada número quince y sus Play Off y en este minuto no podía haber mejor lugar y momento para relanzar su carrera al más alto nivel del baloncesto; los Boston Celtics, el TD Garden y un modelo de baloncesto que le permite sacar lo mejor de sí en cada partido.

Un rol vital

Horford ha sido un revulsivo en el esquema del coach Ime Udoka, una muralla, nadie coge más rebotes ni implanta más carácter y en momentos se hecha el equipo encima.

Su ausencia en el primer partido de la final de Conferencia ante Miami Heat se hizo sentir y ya para el segundo choque volvió a ser protagonista.

Hoy, a horas del cuarto partido, Al Horford es parte del espíritu mismo de los Celtics, la encarnación perfecta del reconocido orgullo celta y el sueño de una final y de un primer anillo sigue latente.

Otra historia

Más allá de las duelas, Al Horford tiene una historia particular, le apasionan los autos caros, ha sido uno de sus hobbys de siempre y tiende a coleccionarlos.

El caribeño le gusta aprovechar sus ratos libres paseando en una verdadera joya, un modelo único de camioneta, el Jaguar F- Pace, una de las líneas más bellas de su tipo.

Una pieza única

El auto es una mezcla de velocidad y potencia casi perfecta y la máquina logra alcanzar los 210 kilómetros por hora; sin dudas una verdadera locura.

El costo de esta pieza se fija ahora mismo en 86,600 dólares; un objeto bien caro pero como dice el refrán, para gusto se han hecho los colores.

Un detalle peculiar de la camioneta radica en que alcanza los cien kilómetros por hora en solo ocho segundos.

Un verdadero apasionado de la velocidad y los autos de lujo; un gusto que el caribeño se puede dar luego de tantos años de entrega y horas en el gimnasio.

La vida es así, más allá del deporte, las estrellas son simples terrenales con gustos, pasiones y sentimientos.